Qué pasa con las palabras que no puedes decir y se te quedan dentro?... esas que tenías guardadas en lo más recóndito para ofrecerlas cual regalo de cada día...
Y los sentimientos?... qué pasa con ellos.
Palabras, sentimientos, que sin tener destinatario se van marchitando o tal vez descomponiendo en podredumbre venenosa y vengativa.
Y los recuerdos?...Recuerdos, el antídoto para el veneno de las palabras no dichas, contra el veneno de los sentimientos descompuestos.
Recuerdos, el bálsamo contra las heridas del corazón.
Y mientras tanto solo nos queda fingir, poner buena cara (aquí no hay problema), apretar los dientes y tirar para adelante.
domingo, 6 de abril de 2008
martes, 1 de abril de 2008
El olvido
De pronto me acordé... me acordé de este blog. Después de bastantes meses me acordé que tengo esta tribuna en la que, muy de tarde en tarde, vuelco lo que que me pasa por la mente y algunas de las cosas que me suceden.
Surge entonces la pregunta: ¿no sucede nada? ¿no me pasa nada?
Malo sería entrar en la la monotonía que, cual ameba gigante, nos absorbe o nos aniquila para siempre, dejándonos huérfanos de sentimientos.
Afortunadamente no es este el caso. Los sentimientos están y tal vez más a flor de piel que nunca. Esta etapa de la vida es bastante puñetera, sobretodo cuando descubres la capacidad de "sentir" que no ha mermado con el tiempo, al revés. Con lo que te das cuenta de lo que has perdido en esos años amorfos en los que la subsitencia ha ocupado todo tu universo.
Uno se pregunta: ¿cómo olía mi niño cuando era pequeño?... Ahora mi hijo me habla de casarse yo me acuerdo de mi padre cuando dispuse yo de casarme y lo veo muy viejo.
Pero el sentimiento es algo más... es lanzarse al vacío con los ojos cerrados, sin importarte nada, sentir que todo gira a velocidad de vertigo...es...¡¡¡dichosas mariposas!!!
Al final todo se descubre y nunca es demasiado tarde. Habrá que dar gracias a los dioses por indicarme este atajo.
Surge entonces la pregunta: ¿no sucede nada? ¿no me pasa nada?
Malo sería entrar en la la monotonía que, cual ameba gigante, nos absorbe o nos aniquila para siempre, dejándonos huérfanos de sentimientos.
Afortunadamente no es este el caso. Los sentimientos están y tal vez más a flor de piel que nunca. Esta etapa de la vida es bastante puñetera, sobretodo cuando descubres la capacidad de "sentir" que no ha mermado con el tiempo, al revés. Con lo que te das cuenta de lo que has perdido en esos años amorfos en los que la subsitencia ha ocupado todo tu universo.
Uno se pregunta: ¿cómo olía mi niño cuando era pequeño?... Ahora mi hijo me habla de casarse yo me acuerdo de mi padre cuando dispuse yo de casarme y lo veo muy viejo.
Pero el sentimiento es algo más... es lanzarse al vacío con los ojos cerrados, sin importarte nada, sentir que todo gira a velocidad de vertigo...es...¡¡¡dichosas mariposas!!!
Al final todo se descubre y nunca es demasiado tarde. Habrá que dar gracias a los dioses por indicarme este atajo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)