viernes, 22 de junio de 2007

Las tres de la madrugada


Cinco minutos, veinte minutos...¡casi una hora! y aún no ha pasado ningún coche por la calle. Es cierto, son las tres de la madrugada, pero aún así algún sonido tendría que perturbar la noche, algún atisbo de vida, de movimiento, tendría que indicarme que no estoy solo en el universo.
Yo sigo fijo... asomado a la ventana, no me atrevo a moverme. Sería muy sencillo girarme, recorrer la corta distancia que hay hasta mi cuarto y comprobar que ella sigue ahí, que no estoy solo, pero no me atrevo. Prefiero seguir así, asomado a la ventana, con el oído avisor a la más mínima señal.
El tiempo pasa, me doy cuenta que tengo encendido el ordenador. Seguro que en el messenger me encuentro con algún/a otro/a que me demuestre lo absurdo de mi sospecha, pero no, la verdad es que tengo muy poca gente en mi lista.
Vuelvo a la ventana... algún chat?... hace tiempo que no entro en ninguno, ¿funcionará aún el de Terra?... no, mejor el irc..la dirección era...
Al fin un resplandor en la calle un sonido, un runrruneo...ufffffff, menudo mosqueo estaba cogiendo, me asomo a la ventana, merece la pena observar el coche que pasa. Parece que no va muy rápido y alguien me dice adios con la mano. ¡¡¡ Dios Santo !!!!... ¿qué hago yo conduciendo ese coche?
Me he pellizcado cuarenta veces y llego a la conclusión que no estoy soñando...

sábado, 16 de junio de 2007

Añoranza

Por un gustazo... un trancazo.
Los dos kilos de yeso que rodean mi tobillo izquierdo, aparte de la imposibilidad de realizar cualquier esfuerzo, me están privando de volver al lugar más idóneo para visitar en esta época del año.
Pero no me arrepiento "...Yo he visto volar las nubes y danzar con La Atalaya, en un día brumoso por momentos, brillante por instantes, en lo alto del circo donde nacen Los Lavaderos, donde el rugido del viento te estremece el corazón y donde una pisada sobre la nieve es la primera huella de ser vivo sobre el universo...".


Se da por bien empleado, el entusiasmarse tanto que permites que una relajación de tus músculos te lleve a dar de bruces sobre la nieve a la par que oyes el fatídico "crack" que te hace sospechar que algo chungo te ha pasado.
Y pasó... y aquí estamos, mirando para la Sierra e imaginando cuanto de verdes estarán los borreguiles en Los Lagunillos y si la nieve dejará ya pasar hacia Elorrieta.
Mientras tanto se celebran sesiones extraordinarias en los Ayuntamientos (en el mío también, faltaría más) y la gente se entusiasma acudiendo a la ceremonia de la "Democracia Pura" (lo he escuchado por la radio y me ha llamado la atención...). Y uno se deja llevar por ese entusiasmo y casi te embarga ese cosquilleo de los setenta ya olvidado.
A pesar de todo es entrañable observar la emoción en la cara de algunas personas... tiene que ser tremendo estar en la piel del "Elegido", muy inconsciente se ha de ser si te limitas a disfrutar del mometo sin pensar tantas y tantas expectativas puestas en tí... tan distintas todas y todas tan importantes.
Y visto el panorama, lo he decidido... en cuanto me quiten el yeso ...vuelvo a las andadas (y nunca mejor dicho).
Felicidades Alcalde recién elegido...

sábado, 2 de junio de 2007

Crónica de una metedura de pata

Pues si señor...¡ a quién se le ocurre en una jornada electoral internarse en lo más recóndito de la Sierra!, pues ¡a quién va a ser!, a mí. Tal vez buscando la urna donde se votan las ilusiones, los imposibles, las quimeras más deseadas. Y hacia allá me encaminé. A dosmil y pico metros, a través de la nieve de último de mayo, que era mucha, permitiéndome el lujo de utilizar el forro polar cuando el resto de los electores ejercían su derecho en manga corta.

Y, claro, no encontré ese colegio electoral soñado. Pero en su lugar pude vislumbrar un paisaje de ensueño en el que la nieve se fundía en rápidas cascadas de agua cristalina que empezaba a verdear los borreguiles. Ante tanta belleza no tuve otra cosa que hacer que dar un traspié que me ocasionó una torsión de tobillo. ¡Una torsión de tobillo en lo más recóndito de los Lavaderos de la Reina!... Vaya situación: rodeado del paisaje natural más increible y con una lesión que me hacía pensar en el helicóptero, el abnegado helicóptero siempre dispuesto a socorrer a imbéciles como yo, que no tienen otra cosa que hacer que mancillar las alturas buscando urnas imposibles.
Pero casi todos los imbéciles tienen suerte y la mía vino de la mano de los benditos amigos que me acompañaban (por cierto que no se me ocurrió preguntarles si ellos buscaban también esa urna imposible) que rápidamente me vendaron el tobillo y me administraron un anti inflamatorio.
Y de esa guisa retorné a la civilización, donde las urnas son de metacrilato y donde sobran papeletas por doquier. Una vez allí me limité a buscar la que más se ajustaba a mi estado de ánimo (no encontré la papeleta de las quimeras imposibles) y depositarla en manos del presidente de la mesa electoral que con una parsimonia algo exagerada la introdujo en la urna a la vez que pronunciaba mi nombre.
Ese día renacieron muchas ilusiones y también hubo decepciones, decepciones de partidos que, al igual que yo, también metieron la pata buscando una quimera imposible.