domingo, 20 de mayo de 2007

La Sierra... siempre la Sierra


Casi siempre me ocurre lo mismo.
Conozco la Sierra desde un verano de hace aproximadamente 25 años en que me la presentaron unos amigos a través de tres jornadas maratonianas e irresistibles en que no quedó un msculo o un hueso sin resentir. Desde entonces me"enganché" con ella (más bien a ella) y no pasa año sin que me pierda una o unas temporadas por sus lagunas y sus pedregales.
Los días que esto ocurre son agotadores, los atardeceres mágicos y las noches irrepetibles. La sopa de sobre sabe a gloria y el cielo se encarga de transportarte al sitio donde nací de hace cincuenta años. De pronto te das cuenta que sigue existiendo La Vía Láctea y Casiopea. Todo está al límite, se vive a tope, el frío es el más frio, el calor el más caluroso. Pero uno siente y vive.
Pero luego regresas y ... ¡¡¡zas!!! qué bajón... de pronto te invade la depre y una cierta melancolía.
Y así estoy.
Y es que ayer domingo, con mi buen amigo, le hicimos una visita. Estaba algo fría y no nos dejó llegar al Corral del Veleta; eso sí, se dejó admirar y fotografiar y al final nos echó con unas nubes amenazadoras y un vientecillo que cortaba el cutis.
Pero yo no desisto, volveré a hacerle otra visita y volveré a experimentar la melancolía del "día siguiente".